ZZ…Continúo aun hoy en día, escuchando buen Rock and Roll y con la misma idea de cambiar el mundo…ZZ

lunes, septiembre 14, 2026

Con Sombrero de Charro


 

Con Sombrero de Charro

Carlos Zerpa

Ciudad de México 2026

Voy caminando por las calles de esta ciudad y ya no la siento como un viaje de turista; ahora sé que vivo aquí, ahora es diferente, soy un artista inmigrante, pertenezco a la diáspora venezolana. Me levanto y no estoy en un hotel, ni de paso; despierto en mi propio departamento, en una colonia decente. Hoy, como el ave Fénix, renazco en una nueva tierra, aunque soy venezolano ya me siento también mexicano. Mi Caminar por estas calles ya no es el recorrido de un peregrino; tengo la certeza de saber que ahora vivo aquí. Poseo muebles nuevos y objetos extraños; incluso los platos y cubiertos son otros, pues los míos se quedaron encerrados en unas cajas, en un depósito de Caracas al que quizás no vuelva a tener acceso. Ese es mi ayer. Mi biblioteca vuelve a estar llena. Me traje unos pocos libros que lograron cruzar conmigo la frontera, muchos otros son nuevos, y varios los he tenido que comprar por segunda vez; pues se quedaron allá, pero me resultaba vital releerlos. Mis amigos insisten en que ya hablo con acento mexicano, pero no es verdad. A leguas se nota que soy de otras tierras en cuanto abro la boca; mi origen me delata, algunas veces por mi acento piensan que soy colombiano o cubano, yo hago el chiste que soy de Guanajuato, que soy una de las momias que se escapó. Lo que ocurre es que he adoptado su jerga mexicana, incorporando palabras como: órale, pinche, chingada, carnal, güey, chido, chingón, chela o cuate. En este aprendizaje del habla, lo más complejo fue domesticar la costumbre, dejar de llamar cambures a los cambures para empezar a decirles plátanos, y memorizar los nuevos nombres de las frutas, verduras y cosas cotidianas. Camote, papaya, elote, cacahuates, sandía, playera, comal, jitomate, tamal, sarape y chiles, solo para lograr que me entiendan. Vivir aquí también es descifrar los códigos de una cultura fascinante. Al principio, hasta ducharme fue un reto, pues las llaves del agua están invertidas. Pasé un buen rato temblando de frío esperando que el agua se calentara, hasta que se me ocurrió abrir la llave derecha, pues aquí la llave derecha corresponde al agua caliente. La lógica mexicana de la plomería tenía otros códigos. La gastronomía es otro universo de sorpresas. La oferta de los menús desafía cualquier frontera culinaria. Hay restaurantes que ofrecen Sushi junto a buffalo wings, pizzerías que también venden tacos al pastor, o restaurantes chinos donde conviven los rollitos primavera (nuestras lumpias) y el chop suey con el pozole y los tamales oaxaqueños. Es cuestión de gustos, lo sé, pero aún me cuesta procesar que sirvan las pizzas con papas fritas, que algunas lleven carne molida y sobre todo, que la norma sea ponerles ketchup. Sé que México tiene un romance incondicional con el picante; hay más de 200 variedades de chiles. Bueno aquí a todo, absolutamente a todo le ponen picante y hasta hay helados con chile en polvo. Pero el colmo de los colmos lo descubrí ayer en el supermercado, pues encontré un champú de chiles jalapeños. Aquí, el picante, también te limpia la cabellera. Hoy almorcé en el mercado de Morelos y pedí lo que llaman "comida corrida". El combo es completo: sopa Azteca, arroz, un guisado de pollo en mole de chocolate, chiles rellenos, frijoles refritos, gelatina y aguas frescas de Jamaica u horchata. Todo, por supuesto, acompañado con tortillas de maíz. El arroz me llegó de un color naranja encendido por las zanahorias ralladas y para mi sorpresa, coronado con rodajas de cambur. Una combinación extraña para mis costumbres venezolanas, pero que decidí probar.

Cerca de mi casa, hay un restaurante chino, que se llama “Aladino”, que sirve comida mexicana y que lo atiende un peruano. Al entrar hay una gigantesca fotografía a todo color del Taj Mahal, ¿más sincrético?, imposible.

Aprender a moverse en esta urbe es otra escuela. Hace unos días me subí a un taxi y le pedí que me llevara a la calle Hidalgo; terminé lejísimo, en otra avenida del mismo nombre. Es la segunda vez que me pasa. Luego descubrí que la Ciudad de México alberga 644 calles llamadas Hidalgo. Tengo que estar más atento para la próxima vez.

A pesar de todo, no me he sentido extranjero en estas tierras. No hay un rechazo total (no soy gringo), aun sabiendo que el mexicano vive bajo la máxima de "primero México, segundo México y tercero México". ¡Viva Mexico, Cabrones! Entender esta idiosincrasia no ha sido sencillo.

Tengo a mi favor, que desde niño he estado vinculado a este país y a su cultura. Crecí leyendo al Charrito de Oro, a Memín Pingüin y viendo a Santo el Enmascarado de Plata y Cantinflas. Escuchando a Agustín Lara, Los Panchos, Javier Solís, Tin Tan, Pedro Vargas, César Costa, Los Teen Tops, Los Hooligans y a Cri Cri el grillito cantor. Además, sé quiénes son “La Coatlicue” y “Quetzalcóatl”.

Tengo muchos amigos mexicanos, que me han recibido con los brazos abiertos, que me ven como “cuate”, eso cuenta, es importante y tengo que decirlo. Pero, la distancia no borra mis raíces, pues amo a mi país, a Caracas, a Valencia, al Avila y al mar Caribe. No me he desligado ni pretendo hacerlo, tengo allá, mucha gente a quien quiero y quienes me quieren. Soy venezolano y camino con el orgullo de serlo en esta interminable ciudad.

Hoy domingo, estoy en mi casa, estoy comiendo tacos al pastor, con una salsa de chiles habaneros, en verdad muy picante y tomando mezcal artesanal “el mero mero”. Mis vecinos ponen una canción a todo volumen, cantada por Jorge Negrete, que llega hasta mi departamento. “México Lindo y Querido, si muero lejos de ti, que digan que estoy dormido y que me traigan aquí”. Que vaina pana, me sé esa letra, ja, ja, ja. Ya me he servido otro mezcal…

Favor de hacer “Chillar al Pollo” antes de bajarse.


 [SZ1]

miércoles, septiembre 09, 2026

Cuando El diablo se sintió innecesario.



Cuando El diablo se sintió innecesario.

Carlos Zerpa

Cuando el antagonista supremo decide cambiar de rumbo, se rompe el equilibrio de la narrativa clásica.

El fuego del infierno comenzó a tornarse azul, perdiendo esa intensidad voraz que consumía las almas. Sentado en su trono de ceniza, Lucifer dejó caer el tridente. El eco metálico resonó por los pasillos de piedra de su reino, pero a él ya no le importó. Estaba exhausto.

Hacer el mal se había convertido en una rutina burocrática, un trabajo de oficina sin sorpresas. Los humanos ya no necesitaban sus tentaciones; habían aprendido a destruirse, mentirse y traicionarse con una eficiencia que lo dejaba obsoleto. El diablo se sintió innecesario.

Se puso en pie, se sacudió el polvo de los siglos de la capa y caminó hacia la salida. Al cruzar el umbral hacia el mundo de los vivos, el viento frío de la Tierra le rozó la cara. Decidió que su primer acto de rebelión contra su propio destino sería el más terrible de todos para el orden del universo: sentarse en una banca de parque a ver el atardecer, en absoluta y perfecta paz.

miércoles, agosto 19, 2026

Así son los paquetes chilenos

 

Así son los paquetes chilenos
Carlos Zerpa
Así son los paquetes chilenos. El gran fraude
Atrapan a los "vivos" por bolsas
Una vez, hace muchísimos años, me llegó un colombiano que vendía un grabado de Picasso, decía que lo había sacado de la finca de Pablo Escobar en Colombia cuando llegó el FBI, que no sabía cuánto costaba peeeeeero que me lo vendía en solo 500 dólares, porque andaba necesitado.
Una ganga pues
Seguro que se lo vendió a alguien que le ofreció 400 dólares, y "el vivo" lo tiene orgulloso, montado en la sala de su casa. Tiene un Picasso en su casa, y presume del buen negocio que hizo
Un amigo me invitó a su casa, y orgulloso me mostró las dos pinturas que había comprado baratísimas de Oswaldo Vigas (Recuerdo que también tenía dos pinturas “sospechosas” de Claudio Perna) Yo le tomé fotos con el celular y se las mandé a Vigas, de inmediato me dijo que eran falsas y me dió instrucciones de que les rompiera la tela con un exacto. Yo no lo hice. No era mi problema. Oswaldo siempre acostumbraba a rajar las pinturas falsas que le llevaban.
A cada momento sale por ahí un grabado de "Dalí" a la venta, muy barato. También proliferan los Reverones pintados en yute y las caritas bonitas de Trompiz, un Michelena, un Cruz Diez. Gangas que te venden por un apuro, un tema medico o una obra que es de su tía que está viejita, para ayudarla. Vale cinco mil, pero te lo dejo en cuatrocientos, es una ganga.
Vas a hacer el negocio de tu vida comprando obras de artistas consagrados, a precio de gallinas flacas.
Estaban vendiendo un paisaje de Armando Reveron, pero pintado con pintura acrílica, en solo 100 dolares. Ja, ja, ja, ja.
Vivos que caen por bolsas

martes, agosto 18, 2026

Sueño un tanto "Avatar"

 

Sueño un tanto "Avatar"
Carlos Zerpa
16 - 8 - 26

Un hueco redondo en la visera de mi gorra de color azul, por el que cabía mi mano 
Traía puesta la gorra azul cobalto 
Yo, estaba entre dormido y despierto 
Caminando por los troncos de árboles caídos y sin corteza
Muchos personajes esgrimiendo machetes merodeando 
Pero no era conmigo, era un asunto de ellos
Yo no tenía miedo
Con una pequeña tijera me corté las uñas de las manos, las uñas las puse en un algodón, lo empapé de alcohol y le prendí fuego 
Así me había enseñado mi mamá, cuando  yo era niño, por eso repetí ese ritual
La llama también era azul como mi gorra
Estaba presente la imposibilidad de decir correctamente, las últimas frases del Padre Nuestro.
Mezclándose en mi cabeza, el orden, del líbrame de las tentaciones con el líbrame de todo mal.
Decidí despertarme 
Abrí los ojos, me puse en pie, fui a preparar café 
Lo de la perforación perfectamente redonda, en la visera de mi cachucha, no lo entendí

sábado, agosto 15, 2026

El dibujo que más he repetido en mi vida

El dibujo que más he repetido en mi vida

El Símbolo de la Paz

Carlos Zerpa

 

Diariamente desde el año 1969, todos los días de la semana, de lunes a domingo, siempre he dibujado el Símbolo de la Paz.

Yo lo tomé del mundo “Hippie”, de la época de Woodstock 69, apenas lo vi, me identifiqué con él, pero luego investigando me enteré que ese diseño gráfico del círculo con líneas () fue creado en 1958 en el Reino Unido por el británico Gerald Holtom, pensando en el desarme nuclear, la gente marchaba con carteles con el símbolo pintado. En Estados Unidos, fue introducido por el pacifista Bayard Rustin, amigo de Martin Luther King Jr. luego fue ampliamente usado por los opositores a la Guerra de Vietnam en la década de 1960. En el film Full Metal Jacket de Stanley Kubrick, en el póster y en varias escenas, el protagonista (el soldado "Joker"/Bordinaro) lleva escrito en su casco M1 la frase “Born to Kill” junto al Símbolo de la Paz. Luego se puso en boga entre los hippies, de hecho, ellos lo adoptaron lo hicieron suyo y los pintaron en franelas, camisas, chaquetas, vehículos, muros, carteles, banderas y sombreros. Si bien a este símbolo se le bautizó en su origen como el “Logo CND” (Campaña por el Desarme Nuclear, por su sigla en inglés), con el paso de los años la gente terminó identificándolo como el “Símbolo de Paz”.

La decisión de Gerald Holtom de mantener el ícono libre de derechos, demostró ser acertada y al no está protegido por los derechos de autor, todo el mundo puede usarlo libremente.

Diariamente desde el año 1969, todos los días de la semana, de lunes a domingo, siempre he dibujado el Símbolo de la Paz. Cada vez que me baño y abro la ducha con agua caliente, el espejo del baño se empaña, cuando el vapor de agua caliente choca contra la superficie fría del vidrio y se convierte en microgotas, el vapor pasa de gas a líquido y forma una capa opaca.

Termino de bañarme, voy al espejo y con el dedo índice, hago un circulo y de inmediato dibujo también las líneas internas, creando el símbolo.

Si he dibujado todos los días el símbolo, al año lo he delineado 365 veces, lo que quiere decir que en 57 años (Desde 1969 y estamos en el 2026) lo he dibujado 20.805 veces. Coooooñooooo Mas de veinte mil ochocientas veces.

Hay quienes dibujan penes en los muros y en los vidrios llenos de polvo o empañados, yo con mi espíritu hippie, dibujo símbolos de la paz.

UN EJERCICIO INTERESANTE Y PERFORMATICO, ES QUE TU TAMBIEN DIBUJES DURANTE UNA SEMANA, TODOS LOS DIAS, EL SIMBOLO DE LA PAZ EN EL ESPEJO, DESPUES DE DUCHARTE.


 

jueves, julio 23, 2026

Carlos Zerpa: archivoabierto

 

Carlos Zerpa: archivoabierto

ArchivoAbierto es el título tanto del proyecto iniciado por ABRA (Caracas) y ArtEncontrado sobre la obra del artista venezolano Carlos Zerpa, como de la primera exposición individual del artista venezolano. Un muestra en la que se reúnen objetos, artículos de prensa, fotografías, registros de acciones, documentos —entre otros— procedentes de su acervo personal y que dan cuenta de algunas de sus inquietudes creativas entre los años 1969 y 1997. En ese sentido, hacer visible el archivo de un artista de la importancia de Carlos Zerpa (1950) surge del interés por preservar y difundir el patrimonio y la memoria artística venezolana, así como de la necesidad de reflexionar sobre los procesos de trabajo de creadores de Venezuela que, como él, fueron catalogados de conceptuales, no-objetuales, performancistas, de ruptura o, simplemente, “no convencionales”.

La exhibición de un material de esta naturaleza apuesta por un ejercicio de valoración ampliada en el que se pongan de manifiesto no sólo su fragilidad y fortaleza, sino la multiplicidad de interpretaciones implícitas en los archivos de artistas. De igual modo, permite señalar la significación de este corpus en el tiempo, bien sea dentro de la trayectoria de cada uno o en el marco de la historia del arte venezolano, al hacer visibles las metodologías de investigación y producción de los creadores contemporáneos. Además, la exposición de un archivo en proceso revela la perentoria necesidad de contribuir con la memoria del arte de un país, a menudo tan desatendida. Al respecto, ArchivoAbierto representa el principal testimonio de una serie de procesos desarrollados por Zerpa a lo largo de más de 40 años de actividad artística. En tal sentido, ofrece una oportunidad privilegiada para acceder a un universo creativo a través del archivo; al mismo tiempo, constituye un espacio transformador que confronta la materialidad de la historia, en su carácter más originario, con las miradas del público.

Sabemos que los archivos de artistas son, en ocasiones, un cúmulo de páginas, objetos y artículos de prensa sin mayor organización; en otras, se trata de fondos clasificados mediante una lógica minuciosa y un obsesivo registro personal. Pues en el caso del ArchivoAbierto de Carlos Zerpa, se trata de un archivo construido a partir de dinámicas propias, a veces intuitivas y otras racionales, resultado de la recopilación sistemática de todo un cuerpo de trabajo y cuyo objetivo inicial ha sido, quizás, contener en el tiempo los vestigios materiales de algo que es efímero por naturaleza. Por ello resulta interesante apreciar hoy día el modo en que Zerpa —siguiendo su voluntad de acumular documentos que consideraba importantes— se vio en la necesidad de utilizar ciertos procedimientos archivísticos o apropiarse, desde el arte, de metodologías provenientes de la archivología para dar sustento visual y conceptual a la valoración de sus prácticas y de sus propias obras a través del tiempo. Tal es el caso de La Carpeta (1978), eje central de éste primer estudio de su obra.

Carlos Zerpa. Archivo del artista. Scan digital cortesía de ABRA/ArtEncontrado.

Carlos Zerpa. Archivo del artista. Scan digital cortesía de ABRA/ArtEncontrado.

Carlos Zerpa. Archivo del artista. Scan digital cortesía de ABRA/ArtEncontrado.

Carlos Zerpa. Archivo del artista. Scan digital cortesía de ABRA/ArtEncontrado.

ENTREVISTA A CARLOS ZERPA

Por Analy Trejo

Emprendo un viaje por carretera y con la mirada fija sobre el paisaje en movimiento, contemplo las ideas que se puedan desencadenar en una futura conversación. ¿Qué preguntas deben hacerse cuando estás a punto de establecer un primer encuentro? Siempre está la posibilidad de comenzar por el saludo, dar paso suelto y fluido a las palabras desde el acercamiento, aunque este último comenzara antes, con las aguas bebidas de las fuentes emanadas por un archivo que revitaliza la memoria y los tiempos ya transcurridos.

Conocer a alguien implica que esté vivo. Esa cualidad vital podría estar contenida en un objeto, en una fotografía, en una reseña, en un documento. La inagotable actividad que despliega un proceso creativo, donde el arte se hace forma de vida, también da cuenta de ello. He aquí el registro de una conversación que lo acredita.

Analy Trejo: Hablemos de los objetos que mostrarás en los espacios de ABRA Caracas. ¿Se trata de un archivo de obras que ya has expuesto o de objetos que has ido guardando y que no has mostrado nunca?

Carlos Zerpa: Cuando yo viví en Italia y estaba estudiando diseño, me interesé cada vez más por el mundo del arte conceptual. De hecho allí y bajo la tutoría de Bruno Munari empiezo a trabajar reciclando objetos, trabajando con fotografía, con cine súper 8, interviniendo diapositivas y películas, perforándolas, quemándolas y mostrándolas así. También comienzo a hacer performance art e inicio un trabajo que estaba muy vinculado al mail art y así, fui relacionándome con el mundo, con gente que hacía arte de correo, que hacía performance, y cuando regreso a Venezuela conozco aquí a otros artistas que tenían un camino muy parecido al mío. Continúo trabajando con ellos dentro de esta línea. Gente como Damaso Ogaz o Diego Barboza dentro del mundo del mail art; como Diego Rísquez, Julio Neri, Carlos Castillo, vinculados al cine súper 8;  o como Pedro Terán, Jenny y Nan, Marco Antonio Ettedgui, e incluso el mismo Diego Rísquez, quienes hacían performance. De pronto, hablando con Luis Romero de la posibilidad de hacer una exposición surge la idea de abrir algunas cajas [guardadas por el artista] para ver que hay dentro de ellas. En esa época yo guardaba todo. Hoy día guardo muy poco, me fastidia mucho estar guardando archivos y cosas cuando todo se puede archivar digitalmente. Pero en esa época sí. En esas cajas estaban todos los catálogos, los afiches, las cosas que yo mandaba por correo, que yo recibía. Fotografías, videos, cine súper 8 de esos comienzos; también aparecieron todas esas cosas que yo hice en Italia cuando era todavía estudiante. Eso es un poco lo que se va a mostrar en ABRA.

Luis está trabajando en la curaduría de esta exposición que creo yo abarca de 1969/70 hasta 1997, haciendo énfasis en lo que te comento: mail art, fotografía polaroid, cartel, súper 8, video art.

Carlos Zerpa. ArchivoAbierto. Vista de la muestra. ABRA, Caracas, venezuela. 2016. Foto: Melina Fernández Temes

Carlos Zerpa. ArchivoAbierto. Vista de la muestra. ABRA, Caracas, Venezuela. 2016. Foto: Melina Fernández Temes

Carlos Zerpa. ArchivoAbierto. Vista de la muestra. ABRA, Caracas, venezuela. 2016. Foto: Melina Fernández Temes

Carlos Zerpa. ArchivoAbierto. Vista de la muestra. ABRA, Caracas, Venezuela. 2016. Foto: Melina Fernández Temes

Carlos Zerpa. ArchivoAbierto. Vista de la muestra. ABRA, Caracas, venezuela. 2016. Foto: Melina Fernández Temes

Carlos Zerpa. ArchivoAbierto. Vista de la muestra. ABRA, Caracas, Venezuela. 2016. Foto: Melina Fernández Temes 

AT: Hace un momento hablaste de Bruno Munari; estuve leyendo algunos artículos de prensa donde comentas que esta persona influyó inmensamente en esa visión que tienes de arte-vida. ¿Podrías contarme un poco sobre esto?

CZ: Bruno Munari —ya fallecido— es uno de los grandes artistas italianos, uno de los pioneros del diseño o de lo que podría definirse como diseño conceptual. Un tipo que decía “para qué imitar un rasgado si lo puedes hacer. Si voy a hacer un rasgado, yo rasgo la hoja y la pongo.” Yo me tragaba sus libros de “chamo” [adolescente]. Para mí, era el gran maestro, tenía todos los libros de él. Cuando me fui a estudiar diseño a Milán y entro a una clase donde el profesor que tengo es Bruno Munari, digo “¡Guau! ¿Bruno Munari me va a dar clases a mí?” Para cualquier diseñador, sus libros son esenciales. Es un gran pensador, en especial porque unió este mundo de las artes con el diseño, pero más en función del diseño y no tanto de las artes.

Bruno Munari pasó de ser un profesor a un amigo. Yo tuve una crisis fuerte en esa época. No había descubierto lo que luego descubrí: mi personalidad, esas muchas facetas que tengo como artista. Hoy en día podría estar dibujando y dentro de un mes estoy haciendo escultura con arcilla, y luego estoy pegando ganchos de colgar ropa para hacer unos objetos. Pero en esa época yo no lo sabía. Me angustiaba mucho, porque de pronto lo que estaba haciendo como arte no me gustaba y no le veía salida, estaba bloqueado.

Un día estaba tomando un café con Bruno Munari y estábamos hablando sobre eso, y él me preguntó: “Carlos, ¿tú no vives cerca de aquí? Muéstrame lo que estás haciendo” y se vino a la casa. Un tipo bello como son todos los grandes maestros. Mucha humildad. Era uno de los grandes, pero no ostentaba su sapiencia. Entonces, fuimos a la casa y estuvimos hablando y me dijo “Carlos, yo sé lo que te pasa, es sencillo. Tú no te has dado cuenta de que estás rodeado de tu obra de arte.” Entonces me señaló: “¿Qué tienes aquí?”, refiriéndose a un frasco en el que yo había metido una fotografía y a otros con granos de café, con una piedra, y una serie de cosas más. “Esta es tu obra, tu querrás pintar pero tu obra es esto y no te has dado cuenta, estas piedras enumeradas… esta es tu obra”; y bueno, ahí se me abrió una ventana enorme, porque empecé a hacer lo que después fueron las vitrinas (Cajas). Empecé a recoger cosas, conseguía gavetas que la gente botaba en la basura, o madera, y comencé a pegar allí unas piedras, una botella con una fotografía antigua, y así nacieron las vitrinas.

En ese momento fue como sí me abrieran los ojos y me dijeran “¡Hey, epa!”. Esto es algo que también he intentado hacer con mis estudiantes. Cuando yo daba clases, decía: “Mira, esta es tu puerta, voltea para allá”. Eso lo hizo Bruno Munari conmigo. Permitirme experimentar en cosas que yo jamás me hubiese imaginado.

Jamás en la vida llegue a imaginar que iba a tomar fotos, ni que iba a trabajar en cine súper 8, ni en video. Esas cosas se las debo, de verdad que sí. Tengo recuerdos muy bellos de él, como cuando antes de venirme a Venezuela, estábamos hablando de Italia y de revistas, y yo le dije: “En Venezuela no hay revistas de Diseño”, y él me dijo: “Bueno y ¿por qué no la haces tú?” Recuerdo que le pregunté: “¿Por qué las voy a hacer yo?” Y él me respondió: “Bueno, porque si no hay, y a ti te parece que hacen falta, hazlas tú.” Entonces, cuando llegué a Venezuela, hice una revista de diseño muy relacionada con [Gerhard] Leufert y surge de allí… de esa cosa que tú dices “¿tú quieres que pasen las cosas?, toma cartas en el asunto, porque si no, simplemente no van a pasar”. Por eso digo y siempre lo haré, Bruno Munari es uno de mis grandes maestros, porque me relacionó con el arte y la vida de una manera que sigo manteniendo hoy en día. Ver en una mancha no solamente una mancha en la pared, sino ver una batalla, un monstruo extraño, y sacarle provecho a estas cosas. Eso es.

Carlos Zerpa. ArchivoAbierto. Vista de la muestra. ABRA, Caracas, venezuela. 2016. Foto: Melina Fernández Temes

Carlos Zerpa. ArchivoAbierto. Vista de la muestra. ABRA, Caracas, Venezuela. 2016. Foto: Melina Fernández Temes

Carlos Zerpa. ArchivoAbierto. Vista de la muestra. ABRA, Caracas, venezuela. 2016. Foto: Melina Fernández Temes

Carlos Zerpa. ArchivoAbierto. Vista de la muestra. ABRA, Caracas, Venezuela. 2016. Foto: Melina Fernández Temes

Carlos Zerpa. ArchivoAbierto. Vista de la muestra. ABRA, Caracas, venezuela. 2016. Foto: Melina Fernández Temes

Carlos Zerpa. ArchivoAbierto. Vista de la muestra. ABRA, Caracas, Venezuela. 2016. Foto: Melina Fernández Temes

AT: Vi recientemente un post tuyo en Facebook donde dices que estás participando en nueve exposiciones simultáneamente. ¿Cómo haces para sobrellevar la producción de lo que esto implica junto al proceso creativo de seguir generando obra?

CZ: Fíjate, a mí me invitan a muchísimas exposiciones y yo no participo en todas, yo las escojo. Escojo cosas puntuales, las que tengan seriedad. Es decir, que sea una muestra, no una “loquera”. Yo produzco mucha obra y la guardo. Si surge algo, yo tengo en donde meter la mano, es como el sombrero del mago. Tengo obra, ya está. Yo publiqué eso de las nueve exposiciones con base en el hecho de que un amigo me escribe: “Carlos ¿es verdad que Víctor Hugo Irazabal se murió?”,  y yo le digo “Yo no sé si falleció, pero hace poco estaba mostrando, no recuerdo en dónde, creo que fue en la Sala Mendoza. No… vale, él está vivo, está activo.”

Yo tengo amigos que son artistas y no sé si estarán haciendo arte. Yo me imagino que sí, porque los artistas siempre estamos haciendo arte, pero no sé si están vivos o no. O sea, vivos como activos en el arte. Te hablo de mi generación, porque los jóvenes son más “pilas”, ellos saben resolver sus cosas, pero de mi generación… no lo sé. Oye, creo que me sobran dedos de las manos para contar a quienes, y me incluyo, estamos vivos, exponiendo y haciendo cosas. Somos poquitos. Entonces, yo digo “esto es cómo una fe de vida”: yo estoy vivo, estoy activo, estoy exponiendo. No tendré los museos, no tendré el apoyo del gobierno, ni lo quiero, pero yo sigo activo con mi vida artística. Yo estoy participando en nueve exposiciones en Venezuela, y de pronto puede ser como “echártela”. Pero no, no es “echártela”, es fe de vida. Yo estoy vivo, estoy activo, exponiendo y haciendo cosas.

AT: Y en medio de nuestros problemas contextuales, es también una forma de resistencia…

CZ: Es una forma de completa resistencia, tanto cultural como política. Estas cosas que están haciendo las galerías privadas, es asumir funciones que le corresponden a los museos. Esto que está haciendo Luis con su equipo es una exposición de museo.

A mí me interesa exponer, trabajar y participar con fuerza en espacios en donde la gente diga “«Coye», mira, aquí están pasando cosas; o sea, esta gente no está muerta, está gente está viva”… porque si uno desaparece, desapareces en un instante, y me pregunto: ¿te vas a dejar que te coma el problema del país? Yo no puedo echarme a morir, o sea yo tengo 66 años, soy un “abuelete” y seguiré activo. Me iré a morir después de los ochenta y pico de años, yo viejo no soy, tengo 66 años y tengo mi cabeza a millón en relación a la creación. Yo voy a seguir creando como lo hizo Miró, como lo hizo Picasso, como lo hizo el maestro Abreu, hasta el mismo Soto. Fíjate como está Cruz Diez, viejito y trabajando, inventando locura. Esa es la belleza de la vida del artista. Si no, uno se muere. Es eso, si yo no hago arte ¿qué hago?, es que ni me lo imagino, si es que eso soy yo…

ZZ…En el arte definitivamente hay que atreverse, hay que participar de una subversión por la libertad total como dijo el querido maestro Frank Zappa…ZZ