Las nalgas de John & Yoko
Carlos Zerpa
En el año 3.042, la galaxia entera estaba gobernada por el
Imperio de la Estética Suprema. Sus jueces intergalácticos destruían cualquier
planeta que no cumpliera con los estándares perfectos de simetría y belleza
geométrica y habían activado de nuevo “La Estrella de la Muerte” esa gigantesca
estación espacial del tamaño de una luna que era el arma de destrucción
planetaria del universo igual a la del film Star Wars.
Ya habían hecho desaparecer al planeta Neptuno y la Tierra
era el siguiente objetivo. Las flotas de destructores ya estaban activando “La
Estrella de la Muerte”, listas para borrar de la galaxia a la humanidad, por el
caos de sus ciudades, la contaminación, las guerras y la imperfección de su
arte llamado “Conceptual” pero sin concepto.
La única esperanza de la humanidad residía en la “Bóveda
del Arte Olvidado”, un búnker oculto bajo los restos de lo que fue el
departamento de Ringo Starr en el 34 de Montagu Square, Marylebone, en Londres.
Ahí tenían una especie de “Time Capsules” onda Warhol… y un grupo de
científicos rebeldes custodiaban el arma definitiva, la fotografía original de
la contra portada del disco “Two Virgins” de John & Yoko.
Según las antiguas profecías contraculturales, esa imagen tomada
con una cámara fotográfica con temporizador automático estaba resguardada ahí.
Ese rollo de película no contenía unos simples fotogramas experimentales, sino
un algoritmo de paz universal atrapado mágicamente en ese celuloide.
Así que, activando un proyector cuántico de partículas, los rebeldes lograron
amplificar la señal y proyectar la fotografía a escala cósmica, usando la
atmósfera de la Tierra como una gigantesca pantalla de cine. De pronto, los
radares y las pantallas de los invasores alienígenas se inundaron con la imagen
vanguardista de las nalgas de Yoko Ono y John Lennon, divididas en cuatro
cuadrantes perfectos, moviéndose rítmicamente sobre una cinta invisible.
Los jueces alienígenas, seres de pura lógica matemática,
quedaron paralizados. Al principio, intentaron calcular el significado estético
de los traseros. Buscaron intenciones bélicas, provocaciones políticas o
mensajes ocultos, pero sus supercomputadoras no encontraron nada de eso. Solo
hallaron una hipnótica, democrática y absoluta igualdad en esas nalgas que se
traducían en un solo mensaje “War is Over”.
El Gran Juez del Imperio contempló la pantalla gigante en
el cielo de la Tierra. Vio los traseros de esos dos poetas, músicos y
activistas por la paz. Los dos idénticos en su esencia; desprovistos de ropa,
clase o estatus, eran una definición pura de la neutralidad universal. Son una
paradoja perfecta, susurró el Gran Juez, mientras una lágrima le caía por su
mejilla cibernética. No hay fealdad aquí, ni tampoco la belleza pretenciosa que
nosotros exigimos, son unas nalgas planas. Esto es la nada y el todo. Es la paz
absoluta. El Imperio de la Estética Suprema apagó su arma de destrucción masiva,
pusieron en off “La Estrella de la Muerte”. Conmovidos por lo hipnótico de esos
glúteos espaciales, la flota dio media vuelta y abandonó el sistema solar,
dejando un mensaje grabado en las estrellas: "La Tierra queda perdonada.
Su arte es demasiado exótico para ser destruido". Hemos quedado
hipnotizados por esas nalgas.
Y así fue como esa contra portada del disco conceptual “Unfinished
Music No. 1. Two Virgins” de John & Yoko, que fue incomprendido en su
propio siglo, se convirtió en el escudo definitivo que salvó a la humanidad a
través del espacio y el tiempo.








