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domingo, marzo 08, 2026

Carlos Zerpa Por: Juan Carlos Palenzuela

 




Carlos Zerpa

Galería Euroamericana

Por: Juan Carlos Palenzuela

 

ArtNexus 22

Arte en Colombia 68

Sep - Dec 1996

Carlos Zerpa es un recolector. Sus performances, sus vitrinas, sus esculturas, sus instalaciones y su pintura son características de un acopio creciente de estampitas y objetos propios del mundo de la infancia, reubicados en un solo collage, en el espacio de la evocación, de los encuentros fortuitos, de la celebración plástica.

Esa reunión aparentemente dispar de cosas, imágenes, significados, climas plásticos, distingue su actual exposición: salas abarrotadas de objetos artísticos, bustos intervenidos, sillas, calaveras, platos, trofeos, mobiliario, dibujos, manteles, instalaciones y cajas. Enorme producción de desiguales timbres. Posiblemente se sentía la galería recargada pero resulta que la obra de Zerpa es así y transcurre de lo barroco a lo ampuloso, de lo espléndido a las finas estampas, de lo kitsch a las citas de la cultura.

Un nuevo elemento o capítulo de su obra introdujo el artista en esta exposición: sus esculturas en hierro. Las mismas son limpias formas, sin adornos y en ocasiones utilitarias. Estas esculturas merecían una presentación independiente, un lugar apropiado.

Carlos Zerpa. 1999, 1996. Ensamblaje. 145 x 68 x 100 cm. Cortesía: Centro de Arte Euroamericano, Caracas.

Esculturas en grandes formatos, abiertas, transparentes, con el hierro en estado bruto. Representaban corazones (a modo de jaula para pájaros), sillas y estrellas. Tenían bancos y espadas. Parecían piezas para jardines.

En la primera sala, Zerpa mostraba algunas sillas-collage-escultura, en las que condensa un buen trecho de sus fraseos. Silla-altar, silla-fetiche. Objeto intervenido hasta el delirio. Dos de ellas remataban sus brazos con puños humanos. Su silla de barbero es memorable: tiene en su espaldar numerosas tijeras y navajas, un Sagrado Corazón en llamas y un mecanismo inútil de reloj. En su cabecera hay una peineta española, en el asiento reúne un pez de porcelana, un Buda y el busto de un luchador enmascarado. En los pies hallamos un pene y la placa al campeón de fecha 9-12-79.

En el techo de esa misma sala cuelgan brazos, manos y piernas. Amasijo de extremidades pero sin connotación dramática alguna. Más bien como habitación de terror para niños.

Entre todos los caminos de la obra de Zerpa, es en el collage bidimensional, sus "vitrinas", donde seguramente se encuentra lo más elaborado de su trabajo. (Y a nuestro entender le siguen sus instalaciones, sus cerámicas y luego sus pinturas).

Esas vitrinas con todo tipo de cosas y color dejan sentir ironía, violencia, fervor de lo figurativo y de la infinita asociación de imágenes y de historias. En esas cajas zerpeanas hallamos la persistencia de un mundo festivo, popular, de la infancia, de lo incontaminado por los malestares de la vida.

Efectivamente, sus cajas siempre están alejadas del trastorno de la política y sistemáticamente recrean un tempo latinoamericano, cuyas pistas son la irreverencia, el cine — sus mitos, sus ídolos—, los cuadernos para niños, lo simpático sagrado, lo inútil coleccionable, Disney, lo culto a través de la pintura y de ésta el género popular.

Así, a lo largo de sus vitrinas vemos los discos de la Orquesta de Rafael de Paz con María Victoria cantando el bolero Como no, las figuras del Dr. José Gregorio Hernández, dados, monedas, cuchillos, llaves, Frida Kahlo, medallas, los Beatles, dientes, clavos ensangrentados, sirenitas, gallos, patillas, diablos, Adán y Eva, banderas de Italia, Batman, metras, Las señoritas de Avignon, tijeras, Los tres chiflados, tapas de refresco, barajitas... todo es un sueño, todo conlleva un espíritu positivo, todo evoca una cultura común —latinoamericana, urbana, la infancia, los años sesenta—. Quimera de lo que somos e ilusión de lo que nos define. En una de las vitrinas la imagen central es La bohémienne endormie (1897) de Henri Rousseau, en la que una mujer nómada se queda dormida en medio de un paisaje infinito: ella tiene una mandolina y una jarra y un león pasa a su lado, la olfatea y no la ataca. Zerpa rodea la modelo de Rousseau de llaves, muchas llaves, pequeñas y antiguas: la llave, el sueño, la escalera, las barajitas constituyen el torbellino de lo onírico, la abierta agrupación de imágenes, los fuertes colores, la persistencia del humor, lo heterogéneo convergente en torno al tiempo de una Arcadia del Caribe.


JUAN CARLOS PALENZUELA

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